El mejor lugar.


Si así lo quieres, yo te podría construir un mundo gigante, infinito. Allá en las nubes o donde tu quieras. Yo no necesito nada de eso, por que el mejor lugar que conozco es estar contigo, y para mi eso es suficiente.















Datos personales

Extraños mundos.

El secreto de la fantasia y Un final alternativo para un día sin fin.




Y las cosas habían salido bien, la verdad es que sentía ese sentimiento de sospecha cuando me veía tan feliz, como si el placer de cometer el mas horrible crimen fuera lo que me dibujara una sonrisa mientras caminábamos aplastados por soles y sombras entremedio de las hojas. Tan feliz que me pareció no estar ahí, en un sentimiento hipnótico al verte sentía que podíamos caminar dejando huellas en la nieve, mirando las hojas de otoño caer y al mismo tiempo ver como cada flor florecía a nuestro alrededor.

Aquella tarde no parecía tener fin, el sol se durmió entremedio de su soledad y en su egoísmo no le regalaba el ocaso a la luna ni a las estrellas. El atardecer era eterno contigo y algo hacía parecer que cualquier cosa podría pasar en ese momento; Pero era tarde y debíamos irnos. Ah, que terrible es cada vez que debemos despedirnos, cada vez que sueltas mi mano junto a esas suaves palabras que lentamente demoran en abandonar mis oídos, es una tortura a veces sentir que cuando me despido de ti es cuando mas lejos estoy de volver a verte para luego dar paso a una infinidad de segundos, minutos, horas y sueños en los que debo esperarte nuevamente. Parecía que la calma pendía de un hilo y así lo fue, por que no demoro en ocurrir algo que quebrara ese momento. Agitadamente me llevaste a de vuelta a la tierra y con una sonrisa que luego me contagiaste rápidamente me di cuenta de lo que me querías decir. Quizás no fue casualidad que esa liebre se cruzara al frente nuestro, casi deteniéndonos e impidiéndonos seguir; Nos quería decir algo que de verdad ni tu ni yo quisimos ignorar. Casi sin pensar te tome de la mano y corrimos tras ella que al vernos seguirla no dudo en esperarnos para que siguiéramos el camino correcto, el que ella nos quería mostrar ya que permanecía oculto a los ojos cegados de las personas. De las personas que no saben amar.

Yo la perdí en un momento, pero tu entusiasmada me guiabas y así fue como de un momento a otro ambos estábamos decididos a entender lo que nos quería decir esta liebre. Nos adentramos entremedio de árboles, ramas y razones sin que esto nos impidiera continuar. A ratos recuerdo que la liebre, al ser mas pequeña y ágil que nosotros se detenía para esperarnos, aunque nunca lo suficiente como para alcanzar a preguntarle que era lo que nos quería decir. Por lo demás ella conocía el camino así que le era mucho mas fácil correr y saltar por entremedio de todos esos árboles que ya la conocían y de hace mucho tiempo eran amigos de ella, por eso no era para sorprendernos que incluso se rieran de nosotros, que éramos ajenos a este mundo pero pese a esto, nos sentíamos muy acogidos.

Nos empezamos a cansar, y cada vez hacíamos mas esfuerzos por continuar al paso de la liebre puesto que nuestro andar de pronto se reducía a ayudarnos el uno al otro a cruzar de una piedra a otra sin mojarnos, evitar caer, mover ramas y subir a distintos lugares. Sin embargo poco a poco nos empezamos a dar cuenta de que algo estaba sucediendo. Me dijiste que algo era extraño y así lo era, y me cuesta describirlo por que habían colores que nunca vimos antes, olores que no eran ni dulces ni amargos, y criaturas que no podría jamás soñar. Pero la liebre no se detenía, nosotros asombrados y ya con menos dificultad para seguirla continuamos nuestro camino. Era extraño por que, en este lugar tan distinto, tan particular y tan desconocidos me sentía mucho menos extraño que en el bosque, me sentía parte de este mundo lleno de sensaciones que también nos quería hacer parte de el. Así lo sentíamos y cada vez teníamos mas libertad para seguir.

Acá me pareció entender un poco mas lo que estaba ocurriendo, la liebre pese a pertenecer al mundo que conocíamos, en este extraño lugar era igual que nosotros, algo que no era en nada ajeno, las criaturas parecían conocerla y respetarla, y quizás como nosotros íbamos con ella, todos entendían que nosotros también éramos importantes o que por lo menos, estábamos ahí por algo importante. Tu te reías y disfrutabas, es que era de verdad gracioso ver a esas criaturas tan pequeñas, de esos colores, y otras tan colosales pero no por esto menos tiernas. Tu te divertías con unos pequeños patos morados que caminaban atrás de su mama, los cuales asustados en sus caparazones apenas podíamos ver sus ojos y pies. No así su madre quien nos saludo entusiasmada al vernos. Había muchas criaturas distintas, algunas viajaban en extraños barcos por los aires impulsados con vapor y otros con sus mismas alas, pero igual todos se veían inofensivos. Pese a eso no podíamos detenernos, ya que teníamos una misión clara de hace ya bastante, que era entender el mensaje de la liebre que no nos dejaba de gustar.

El miedo como tal, se produce por lo desconocido, cuando algo escapa de nuestro control y te ves paralizado, débil y vulnerable ante lo que no conoces. Es por que las personas como seres humanos, tienden a creerse superiores a la situación; a su entorno, de el cual poseen total control y razón. Por esto cuando algo escapa del margen de error instintivo que poseemos, el miedo nos invade, a veces nos gusta, pero es tan inmenso que siempre queremos que acabe pronto para sentirnos superiores nuevamente. Por eso, teme a las cosas horribles, teme a ser diferente y a las cosas diferentes. Uno tiene miedo de que algo pueda salir detrás de uno, debajo de uno, arriba de uno o peor aun, enfrente de uno. Uno por eso tiene miedo a enamorarse. Fuimos la excepción por que en ese momento tan extraño, distinto y desconocido no tuvimos miedo, es mas, creo que yo nunca sentí menos miedo que esa vez, me sentía extraño. Como si estuviera adentro mío. Si, era tan absurdo, pero así lo sentía, como si estuviera adentro mío o adentro de nosotros. Como si por primera vez nos conociéramos y era inmenso, de verdad que lo era.

Cada vez la liebre corría mas lento, parecía que esta persecución llegaría a su fin en cualquier momento. Empezamos a sentir calor, como nunca antes y parecía que el cielo estaba mas cerca, por que a ratos al mirarlo me encandilaba como si fuera a aplastarnos, o si nosotros estuviéramos entrando a el ¡Si hasta el cielo parecía que nos quería decir algo! Estábamos entrando a un lugar tan conocido pero desconocido a la vez. La libre lo sabia, nada era casualidad, y era claro que nosotros debíamos entender algo, no sabia por que ni que era, y tu aunque a ratos te acercabas a lo que ella nos quería decir, pero no había otra forma que seguirla aunque tuviéramos que entrar al cielo para alcanzarla.

Empezamos a subir, a subir por lo que parecía un arco iris, tenia muchos colores que continuamente bailaban dependiendo de nuestros movimientos y parecía jugar con nosotros, que fascinados por esta psicolelia de luces en nuestro camino solo mirábamos hacia abajo al darnos cuenta de que este camino se encontraba sobre millones de nubes y creo que nunca sentí antes algo tan cercano a estar volando. No se si debió haber sucedido así, si algo hicimos mal, o era parte de lo que ya estaba planeado, pero al mirar nuevamente al frente ya no vimos a la liebre. Tal ves continuo corriendo o simplemente desapareció, pero ya no estaba ahí. Nos miramos a los ojos al encontrarnos completamente solos, arriba de lo que parecía un arco iris, debajo de nosotros miles de nubes que nos hacían creer que si caíamos rebotaríamos eternamente o seria la cama mas cómoda. Y debajo de estas nubes seguramente estaría este mundo que conocimos en ese extraño viaje. Podíamos volver o seguir hasta encontrar la liebre, pero ya había desaparecido el calor ahí arriba y estábamos tan cansados que queríamos aprovechar el momento para descansar un poco, era obvio, si tantas sensaciones nuevas además de tanto correr nos tenían extenuados, y además no queríamos irnos sin aprovechar el hermoso lugar que teníamos. Y ahí estuvimos horas sentados tomándonos de las manos. No estoy seguro si ese momento duro 100 años o 5 minutos.

- Sabes, jamás hubiera visto a la libre si no fuera por ti… - Te dije súbitamente

- Pero yo no hubiera corrido tras ella si no me hubieras tomado de la mano…

- Mm.. Sabes, no se que habrá querido decirnos la liebre, pero creo que este ha sido el momento mas hermoso de mi vida… Como un sueño, esos sueños en los que viajamos juntos.

- En esas nubes… - Me dijiste

- Son hermosas…

- En esas nubes deben estar almacenados todos los sueños del mundo, deben estar nuestros sueños también.

Antes de responderte, solo te miraba a los ojos, pero al mirar a tu lado me di cuenta de que estaba la liebre, sentada al lado tuyo igual que nosotros, ella a me miro cuando se percato de que yo impresionado la veía. Al verme en ese estado tu también te diste cuenta de que la liebre estaba a tu lado. Antes de que pudiera decir una palabra la liebre se lanzo al vació desde el arco iris donde estábamos.

- Guille…
- Vamos – Te respondí.

Así nos lanzamos sin que nada nos importara por que estábamos juntos en esto y lo terminaríamos juntos. Mientras caíamos, te tomaba fuertemente de la mano por que no quería que te fueras nunca, te miraba a los ojos mientras a ambos las lagrimas se nos escapaban volando, parecía como si las lagrimas regresaran a donde estábamos como si tuvieran miedo de seguir, y simplemente se iban por que a donde íbamos no las necesitaríamos, no habría razón de llorar nunca mas. De pronto te deje de ver, no veía nada ya que al atravesar las nubes todo se volvió blanco, me encandilo el cielo y por un momento sentí que te perdía. Pero no tarde en darme cuenta de que algo seguía sujetando mi mano y la apretaba fuertemente aunque de forma muy tímida para no dañarme. Me costaba reaccionar, pero de pronto sentí en mi boca tus labios, me había dormido en un lugar que no conocía y tu me intentabas hacer reaccionar. Abrí mis ojos y estábamos nuevamente en el mismo arco iris. Borrosamente veía tu cara encima mío, y al otro lado la cara de la liebre que extrañadamente me miraba como si nunca hubiera visto a alguien despertar. No me dijo ni una palabra y tu tampoco, solo voltearon para mirar algo, yo desesperado me levante para saber de que se trataba.

Ante nosotros tres que mirábamos impresionados estaba el sol, que parecía menos imponente de lo que se veía en el cielo, mas tímido, débil… vulnerable como si tuviera miedo o si algo le faltara. Era extraño como todo, ya que en presencia del sol no me sentía acalorado ni encandilado. No sentía frió tampoco y el sol parecía mas temeroso que yo. Estaba muy cómodo, extremadamente cómodo al igual que durante todo ese extraño viaje que habíamos emprendido. La liebre que igual que nosotros permanecía inmóvil, corrió al frente en dirección al sol y voltio hacia donde estábamos nosotros y desde el sol apareció otra liebre, muy parecida a la que nosotros seguíamos pero a la vez distinta. Nosotros con muchas dudas fuimos a donde estaba nuestra liebre hasta que la alcanzamos. Yo no supe que hacer, pero tu sin pensarlo te agachaste acercando tu mano a su cabeza.

Ambas empezaron a cambiar entremedio de un fuerte destello al ser tocadas, tu asustada te alejaste pero sin embargo nada parecía ir mal. Al desaparecer el destello ambos estábamos impresionados, la liebre era un reflejo tuyo, y la que la acompañaba era un reflejo mío. En el momento no entendimos nada, pero cuentan que luego de eso, el sol pudo esconderse para que pudiera aparecer la luna con sus estrellas.

Y es que al final del día, todos somos la liebre que le muestra el camino a otra persona.

Gracias Arantxa Javiera González López.
Por eso Te Amo.