No se donde estaba, al despertar me encuentre con la única certeza de que no estaba; estábamos. Ella lucia aturdida y con una mirada llena de confusión respecto al asombro que le provocaba el lugar. Hace frió, pero es acogedor, al mirar a mi alrededor adivinaba poco a poco frente a que me enfrentaba, hace frío, pero es acogedor. La suave brisa me recordaba al otoño, como si el viento se llevara las ultimas lluvias de invierno a un lugar lejano y nos dejara desnudos ante esta suerte de laberinto de sensaciones en el cual estábamos perdidos; sin embargo, estábamos muy cómodos. El aire que respiraba me traía a las mas melancólicas dimensiones de lo humano, como si todo estuviera lleno de sonidos minimalistas y en mi desesperado intento por encontrarme, solo podía imaginarme la música de Satie. Poco a poco lograba percibir un aroma intenso que me extrañaba tanto como mi propia inseguridad ante lo desconocido, la sensualidad de las esencias solo podía tener el nombre de lo mas inmenso que existe, podía percibir el amor. Aun tenia frío, cuando nos disponemos a caminar, ante la inmensidad de siluetas y personas a las cuales no entendía, pero que ella hacia el intento de asimilar sus palabras con sus vagos recuerdos de antes de despertar. Costaba ver mas allá de esto, las fuertes luces que habían en la calle, en las casas y en lo que apenas lograba disociar como lugares publicas encandilaban la noche, esa fría noche que me hacia sentir inmensamente acogido. Definitivamente estábamos lejos, a mi se me hacia familiar pero no lograba darle un nombre, ella en cambio descubría a cada minuto algo que me hacia sentirme mas seguro de seguir al filo de mis dudas a encontrarme con una respuesta. Me encantaba verla así, tan intrusa y feliz como nunca antes la había visto, maravillada con todas las luces, las sombras y las siluetas que solo en nuestra mente abstracta comprendíamos. Ella disfruta y yo también, nunca sentí algo así, nunca sentí que esta melancolía tan ajena a mi me hiciera vivir tanto como hoy, cuando ya no quería seguir soñando, por que tenia miedo de no despertar de nuevo, de no despertar otra vez con ella y es que a pesar de no entender lo que sucedía acá, este lugar me encantaba solo por el hecho de estar con ella, y era por que al mirarla a ella todas estas cosas me parecían perder la abstracción, por un segundo la miraba a los ojos y todo a mi alrededor era mas claro, era inmenso, las formas eran hermosas, las melodías brillantes y todas las luces me llamaban a algo distinto, en sus ojos, ella me estaba dando las respuestas, y es por eso que me encanta cuando estamos en Paris y definitivamente, la sensualidad de esos aromas se llamaba amor.
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