El mejor lugar.


Si así lo quieres, yo te podría construir un mundo gigante, infinito. Allá en las nubes o donde tu quieras. Yo no necesito nada de eso, por que el mejor lugar que conozco es estar contigo, y para mi eso es suficiente.















Datos personales

Extraños mundos.

Y la niña del lago en el cielo.



Episodio 14

... Era el lugar mas extraño que ella había visto, la niña solo se sentó a esperar, con sus ojos de otoño y paciencia, que el sol apareciera hasta tal punto que iluminara desde el cielo su lago, y así, con su reflejo iluminar todo lo que ella no entendía. Solo se limito a sentarse un momento, para esperar y esperar, pues su impotencia delimitaba todo. Se sentía extrañada en aquel lugar, no era como su lago; no había nada abajo. Le parecía extraño mirar hacia arriba, y preguntarse por que había abandonado su hogar. Los colores eran distintos, eran vivos y de tonos que se asemejaban a una mariposa, ella sentía que estaba en una gran mariposa, de colores rojos y verdes. Sentía que volaba, pero solo se podía limitar a sentarse y esperar. Quería volar, quería volver a sentir como se siente todo desde las nubes, como era mirar todos esos personajes desde un lugar tan secreto que ni ella lograba adivinar su escondite.

Y así voló, voló sobre esa extraña mariposa tan lejos de su hogar, y mientras esperaba una luz que le recordara si lo que hacia era lo correcto. Y así fue como llego al bosque. Aun no despertaba el sol, pero algo impedía que ella siguiera esperando. Era curiosa, y debía saber que misterios escondían estos nuevos mundos que poco a poco, con la llegada del alba, iban tomando formas tan extrañas, colores tan misteriosos y distintos, y los arboles que expresaban palabras inimaginables, impronunciables y no tenían ni un sentido en ese momento. Bajó de su mariposa, y así pareció retroceder en el tiempo por que el amanecer se apagaba, y entre los arboles, todo se volvía oscuro, sombrío. En el bosque se apaga el viento, el mas fiel compañero que ella tenia. Así la niña se lleno de valor, y enfrento este mundo desconocido mas allá de las nubes, mas allá del sol, mas allá de lo que el horizonte le había mostrado, tan lejos como el cielo ahora estaba la niña. Y a pesar de entrar a este nunca amanecer, no sintió miedo. Poco a poco todo tomaba forma, y mientras mas caminaba, mas a gusto se sentía. Como si mil abrigos la cobijaran, los arboles la abrazaron y le hicieron olvidar la impotencia que sintió horas antes, le hicieron olvidar sus ansias de ver el amanecer. Le enseñaron a hacer el amanecer. Mas adentro, en el bosque. Se encontró con una sorpresa. Un lago. Un lago tal cual como el que ella dejo atrás, en su hogar, en el cielo. Era distinto, el agua era distinta, los colores eran distintos. No era su lago, era el lago de otra persona, de otro bosque. No de su bosque de nubes. No era lo mismo.
Así la niña, con la desconfianza que invadía su cuerpo, corrió del bosque que ahora, parecía no tener fin. Con melancolía recordó su hogar. SU lago, pero cada vez se veía mas lejos en ese interminable bosque. Corrió, corrió. No encontró la salida hasta que con miedo, y sin ese calor que al principio la cobijaba, se sentó en un árbol a esperar. A esperar que amaneciera en el lugar de nunca amanecer. Pero el sol, ya no quería despertar. Así espero, eternidades y vidas. Pero nunca pudo confiar en el bosque, en el lago que parecía suplantar a su hogar. Cada segundo se preguntaba, por que no amanece, por que el sol no la mira.

Un día, paso algo inesperado. El viento comenzó a soplar. La niña, esbozo una enorme sonrisa, era su amigo el que había regresado, el que la acompaño siempre hasta que ella quiso entrar al bosque. Feliz, le relato lo que le había pasado en su camino por el bosque, a lo que el viento escucho con incredulidad y sorpresa. Junto con el regreso de su amigo, algo extraño ocurrió. Los colores, comenzaron a teñirse. Todos esos matices verdes y azules que había en su nuevo mundo desaparecían lentamente, caían, el viento se encargaba de llevárselos, y todo se volvió de color rojizo, amarillo y café. Poco a poco las sombras se iban, después de todo ese tiempo, el sol despertó, y entre las ramas de los arboles aparecía lentamente. Por fin estaba amaneciendo, pero no lograba verlo bien. Así corrió hacia el sol. Corrió y corrió. Abandono el bosque, y mientras lo hacia, se divertía mientras las hojas, de colores rojizo, amarillo y café, sonaban y cantaban con cada paso que ella daba. El viento la acompaño, expectante con lo feliz que se encontraba la niña del lago. Logro salir por primera vez del bosque, se arrimó a la mariposa que aun la esperaba y fue en busca del sol. El sol parecía inalcanzable, tanto así, que la persecución se hizo eterna, pero con la ayuda del viento, su mariposa y las hojas que encantaban con su melodía al sol, logro alcanzarlo, y así, volvió al cielo, para dejar el sol junto a su lago. Aun así, la niña no se sentía satisfecha. El sol se aburría y se cansaba de amanecerle a las nubes, por lo que ayudada con el viento, su mariposa, las hojas, y la luz del sol. Bajo nuevamente, por que esta vez iba a esperar que el bosque amaneciera de nuevo, para llevarlo al cielo, junto a las hojas, la mariposa, el viento y la luz del sol. Todo junto a su lago.

Al terminar, tenia su lago, el bosque, el sol y las hojas. El viento que apoco encontraba el lugar, también intentaba mantenerse cerca de la niña. Al encontrarse que el lago aun no se iluminaba por el sol, sintió que recordaba ese lugar. El bosque... el lago. Miro hacia abajo, y vio solo al lago que había visto tiempo antes, cuando fue a buscar el sol. La niña miró al viento, a la mariposa, a las hojas, al bosque y al sol. Y si, fue a buscar el lago, y así lo llevo junto a su lago en el cielo, y por fin. El lago en el cielo se ilumino, al igual que los ojos de la niña, que por fin, con todos sus amigos felices, ella también logró sentir la felicidad, que tanto busco, junto a su mariposa llena de colores, al viento que siempre la acompaño, a las hojas que con su melodía la hipnotizaban, al sol que en permanente amanecer lograba iluminar a los arboles que cobijaban a la niña.

La niña guardó el sol, guardo el bosque, guardo la mariposa, guardo las hojas y guardo el viento. Así la niña despertó de su sueño, pero lo que no se pudo guardar nunca fue el lago en el cielo, ese que le habían regalado, y con el que quiso vivir para siempre, allá en las nubes, con sus ojos de otoño, en el interminable amanecer. Hasta que el sol se acabe, y se quede para siempre aquí.





A Letter To Elise (Acoustic) - The Cure

1 comentarios:

Anónimo dijo...

te lo dije cuando lo lei...
wau ...
no se parece a nada de lo q tu escribes
pero me encanta =)
te quiero
te pasas por mi blog?